Una semana en Vejer durante la fase final del encalado de Casa entre cales. Notas sueltas, tomadas al pie del muro.
Lunes. La cal recién aplicada es casi azul. Lo aprendimos hace años trabajando con un encalador de Tarifa. El óxido residual del calcio en pasta da un tono cian que va virando hacia el blanco roto a medida que la pared seca. Hay un día concreto, hacia el tercero o cuarto, en que la pared decide su color final. A partir de ahí ya no cambia.
Martes. El maestro pregunta si queremos la última capa pasada con esponja o con paleta. La esponja deja una textura más viva, con grano. La paleta queda más cerrada, más seca al tacto. Decidimos esponja para los dormitorios y paleta para el salón. La luz funciona distinto en cada técnica.
Miércoles. El cliente llega a obra. No la habíamos visto desde febrero. La impresión inicial es buena pero algo le incomoda en la cocina. Tarda diez minutos en saber qué. La ventana al patio está dos centímetros más alta que en los planos. La habíamos subido en obra para alinearla con la viga existente. No lo habíamos avisado. Tomamos nota.
Jueves. Discusión técnica con el cantero sobre una junta entre piedra original y muro nuevo. La piedra ostionera no se corta plano: tiene una concha embebida que rompe siempre por su línea. Hay que aceptar la junta como es. El cantero tiene razón.
Viernes. El patio está terminado. La planta de olivo que trasplantamos del jardín antiguo ha agarrado. Es probablemente el momento más significativo de la obra: cuando la pieza nueva empieza a comportarse como si llevara siempre ahí.
Volveré en septiembre, con la obra terminada.