MATERIAL · MARZO 2024 · 6 MIN

Notas sobre la cal.

Detalle de una pared encalada a mano con cal en pasta, con la huella de la paleta visible en la superficie.

La cal lleva miles de años fabricándose en Andalucía y los últimos cincuenta años perdiendo terreno frente al cemento. Volver a usarla no es un gesto romántico: es una decisión técnica que mejora el proyecto.

La cal en pasta envejecida es un revestimiento poroso. Respira. Absorbe humedad cuando hay y la suelta cuando el aire seca. Eso significa que un muro encalado regula la humedad relativa de la estancia sin necesidad de aparatos. En verano andaluz, donde el problema no es el frío sino el bochorno, una pared que respira es una pared que enfría.

Frente al cemento o el yeso plástico, la cal tiene además otra propiedad que importa: envejece bien. Las pátinas que va dejando el tiempo son parte del material, no defectos. Una pared de cal de cincuenta años es más interesante que una pared de cal nueva. Una pared de cemento de cincuenta años es, en general, una pared que hay que pintar.

Trabajar con cal exige mano. No se aplica con rodillo ni con pistola. Se da en capas finas, con paleta, una sobre otra, dejando que cada capa agarre antes de la siguiente. En Casa entre cales aplicamos siete capas en interior, cinco en exterior. Es más despacio, sí. También es lo que dura.

Los aplicadores que sabían hacer cal a mano se están jubilando. Hay menos cada año. En la sierra de Cádiz quedan dos o tres cuadrillas. Cada vez que terminamos una obra con un aplicador mayor, sabemos que esa cuadrilla puede no estar disponible para la siguiente. Es una de las razones por las que insistimos en trabajar con cal: porque si los estudios dejan de pedirla, el oficio se acaba.

Y si el oficio se acaba, también se acaba la cal.

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